dimarts, 27 d’agost de 2013

Vuelta al pasado


VUELTA AL PASADO




Eran vagos recuerdos los que venían a mi mente, sueños de niña, nostalgias de un recuerdo que había quedado grabado en aquellas infantiles pupilas y que ahora empezaban a pasar como una película de súper 8, sí, aquellas viejas cintas que dormían en el desván cubiertas de polvo y añoranza. A través del cristal se dibujaba ante mis ojos, la grandeza sublime de aquella majestuosa tierra, el verdor plateado de su océano de olivos contrastando con el negro brillante al sol, de la pizarra de sus sierras y la jara y adelfa, veri cueteando  hasta el fondo del mal llamado valle, donde el espejo transparente y cristalino de las aguas daban forma  al pantano, que a su vez, era el cancerbero del pasado de aquella legendaria tierra.
Sentada en el asiento delantero de mi viejo “mercedes” cada uno bautiza su coche como le gusta y con la mirada al frente intentando no perder detalle de todo lo que iba pasando ante mis ojos, recordaba  mis subidas y bajadas por aquellos empinados  riscos, acercándome a las adelfas del camino y oyendo la voz de los mayores diciéndome, no cortes las flores son venenosas,¿Cómo podían ser venenosas? eran ¡tan hermosas¡, al menos para mí lo eran, quizá porque en mis largos paseos hasta el agua, no había encontrado otras, o quizá, por el rosa intenso de sus pétalos.
Recordaba mi pueblo encaramado en un montículo y me veía de niña al pie del viejo pozo, que paradojas de la vida, se llama “pozo nuevo” atrás quedaban los álamos del camino, hoy desaparecidos y… la vieja vereda hacia la ermita y el cementerio, la ermita…recordar solo su nombre, era como volver  de nuevo a ser niña.
Junto al pozo, un pilar que servía de abrevadero a la vuelta de la dura jornada diaria
y ante mí, la carretera que accedía a mi querida Villa. Una vieja herrería era el muro divisorio de las dos entradas, a  la izquierda, la vieja carretera que solo avanzando unos metros, llegabas a las escalinatas del paseo, nunca supe come se llamaba, para mí era el acceso a la “pava”, el viejo coche de línea, que todas las mañanas recorría el camino de álamos y olivares hasta llegar al cruce, donde para mí, empezaba la agobiante civilización. Y no es que mi pueblo no estuviese civilizado, en aquella etapa de mi vida, civilización significaba, bullicio aglomeración, gente y falta de aire para respirar, por eso  era tan feliz en mis cortas estancias  en lo que para mí era mi paraíso particular, mi pueblo.
Catorce años tenía en mis últimas vacaciones, ya no volvería, hasta varios años después, pero esa etapa prefiero dejarla dormida en el desván de mis recuerdos, abrigada con la vieja capa de unos sueños rotos.
Había llegado a la plazuela, allí, me detuve para dejar paso a los coches que bajaban de la plaza, el paso es estrecho.
Ya en la plaza dejé mi viejo mercedes aparcado y salí de él para respirar aquel aire que todavía permanecía en mis recuerdos.
La plaza seguía siendo a pesar de sus cambios, la misma de siempre, la imponente Iglesia, la fachada de piedra de su ayuntamiento sus casas señoriales y allí como resaltando en un cielo solo hecho para ella, la almena del castillo.
Por un momento y sin moverme del atrio de la Iglesia, subí la cuesta de Santa María,
y me vi. como un granito de arena ante la inmensidad de aquella fortaleza.
Abrí los ojos para volver a la realidad y volví a mi viejo  coche.
Enfilaba la  calle  despacio, queriendo reconocer todos aquellos viejos caserones y aquellas piedras, que tanta importancia tenían en mí.

Todo seguía igual y sin embargo todo era distinto, las casas continuaban en los mismos lugares, pero con grandes cambios, fachadas que yo recordaba blancas, eran ahora de hermosa piedra, dándoles un aire más señorial y a la vez austero.
Antes de seguir la calle que desembocaba ante la misma Cruz de las Azucenas, me detuve, tras de mí seguía impertérrita la vieja fuente, cuantos remojones me había dado,
era mi pasión mojarme y salpicar a mis amigos con el chorro mientras  aplastaba la mano en su caño para que el agua se repartiera y cuantas veces me caía la regañina, niña, que el agua no se esturrea, pero yo esperaba que se escondiera en su casa quien me llamaba la atención y volvía de nuevo a las andadas.

Decidí aparcar mi coche y seguir a pie la distancia que me separaba de la ermita.
Era majestuoso lo que había ante mis ojos, era exactamente como la película que guardaba en mi memoria.
Caía el sol con fuerza sobre las casi escondidas piedras del atrio de la ermita, pequeñas briznas de hierba pisoteada intentaban abrirse camino entre ellas.
Delante mismo, se abría un corto pero  hermoso paseo, en el centro de la amplia calle, que yo recordaba  de casas de una sola planta, en las que el sol resaltaba sus rayos sobre la cal de sus paredes, todo había cambiado, al fondo el viejo edificio del matadero,
me llamó la curiosidad saber si todavía, se ejercía actividad en él.
Giré mis pasos , esta vez dándole la espalda a la pequeña y coqueta avenida cubierta de rosales y pequeños setos, que de seguro, harían las delicias en las noches de estío a todos sus paseantes.
Todo era diferente a como yo lo recordaba, el pueblo había crecido, las viejas y destartaladas casas, se habían convertido en otras más grandes, el progreso había llegado también a aquel  añorado rincón de Sierra Morena.
Los mayores cara al sol, me miraban con extrañeza, nadie me conocía, pero algo sí, les decía en su interior que yo no era una turista más de las que se veían por el pueblo.
Quería quedarme allí un rato y recordar, pero no se porque sentí miedo, miedo a…no sabía a que, quizá a mis recuerdos, o tal vez a encontrarme con un pasado al que mi yo interno quería volver,  pero mi presente, se obstinaba en olvidarlo.
Absorta en estos pensamientos no advertí la presencia de aquella mujer, que con una dulzura que me resultaba familiar, me preguntó, ¿te gustaría entrar a la ermita?, sin esperar mi respuesta continuó,  ¿ves aquella puerta?, llama, las monjas te la enseñarán.
no se si llegué a llamar a la puerta y tampoco recuerdo  que nadie me abriese, pero…estaba allí, en la entrada, al fondo, la mayor maravilla que en todos mis muchos años había contemplado, ¡el Camarín!  sus diminutas figuras se reflejaban esplendorosamente en los no mayores espejitos que lo poblaban, se decía, que a quien lo hizo le habían sacado los ojos cuándo lo terminó, para que no repitiese  tan  bella obra en otro lugar. A un lado y a otro relucientes y recién rescatados
del polvo del tiempo, lucían esplendorosos los lienzos, que de niña tanto me impresionaran.
Ávida, busqué, pero no lo encontraba, de nuevo sonó en mis oídos la voz dulce y arrulladora de aquella mujer,
Ahí está, ¿lo ves?
Sí, claro que lo veía, pero… ¿Qué había pasado?,  “Ella”, la Condená, no estaba, su figura desgarradora. con los pelos encrespados y su mirada de ultratumba, mostraba la de un hombre, no por eso menos enigmática.
Ven, siéntate, me dijo dulcemente, te ayudaré a recordar
En aquel momento un frío intenso recorrió mi cuerpo,  en sus verdes ojos, cuál espejos al pasado, estaba yo,  la niña de negros y largos tirabuzones, cogida de su mano y escuchando atenta la vieja historia, que no se si otras madres la contaban a sus hijas, pero a mí, me la contó la mía aquel último verano, a partir de entonces, ya no volvería a disfrutar de sus paseos ni de las bellísimas historias que me contaba, cuándo juntas volvíamos a nuestras raíces.
Mi querida niña, no debí contarte la leyenda de aquella forma, se que solo te producía miedo y terror, pero eso, lo se ahora, por eso estoy aquí, para contártela tal y como siempre se ha conocido, casi todos la creen leyenda, yo puedo asegurarte que no lo es.
Habíamos dejado atrás la ermita y a los viejos tostándose al sol, el paseo había desaparecido y las puertas del viejo matadero estaban abiertas, dando muestras de que dentro había actividad...
frente a nosotras, el negror de la pizarra de aquella sierra, las viejas encinas, las subidas y bajadas de sus montes abrían el camino en el profundo barranco.
 Desde el pozo Luzonas, el camino se abría entre riscos de pizarra y matojos, jara y tomillos desprendían su aroma, que iba impregnando en el ambiente,
A medida que avanzábamos ambas silenciosas, un halo de paz y seguridad me invadía el alma y a la vez sentía el miedo que de niña me producía caminar por aquel lugar. Atrás quedaba el altozano  dejando solo al descubierto de la mirada los rojos tejados de las casas.
los arroyuelos que serpenteaban en el barranco, daban vida a  aquella majestuosa naturaleza.
Me vi. reflejada en sus limpias aguas, transparentes, como espejos límpidos y relucientes que iban mostrando por momentos imágenes de mi vida, todos los momentos felices y amargos, se fueron reflejando en aquel pilar, el mismo que según la leyenda, contaba que en sus aguas reposaba la Encantá a la espera de que cualquier alma se asomase, para cambiarse por ella.
Bajé de la piedra en que me había subido para llegar al borde del pilarejo y mirando a la mujer, le pregunté; ¿Por qué no me ha cogido la encantá?, no decías que los que pasaban por aquí y se asomaban se quedaban dentro hasta que pasara otro y se cambiaran?
Sonreía, sus grandes y verdes ojos me miraban con un candor especial, pero que para mí, no era extraño.
Mi querida niña, esto no es más que la ventana a tus obras, es…como un libro en el que se han ido escribiendo todos tus pasos, si tu alma ha sido noble, las aguas del pilar serán claras, aquellos que temían tanto pasar por aquí, era por su mala conciencia,
nunca tengas miedo a nada, si siembras esperanzas recogerás alegrías, si siembras vientos…recogerás tempestades.
El ruido del agua golpeando un papel y el olor de tierra mojado me trajo de nuevo al presente.
El autobús acababa de aparecer, por la curva que llegaba desde la carretera de la llaná



diumenge, 14 de juliol de 2013

La bicicleta







Desde los cinco años, mi única ilusión al llegar los Reyes, era que me trajesen una bicicleta, pero unas veces por unas cosas y otras por lo contrario, nunca llegó.

Tendría aproximadamente diez años recién cumplidos, Mariona era un año mayor


Aquel año, a mi amiga, si se le puede llamar amiga, a una niña de un nivel social, superior y que lo único que hacíamos juntas, era jugar en la plazoleta, cuando ella iba al mercado con su madre, para recoger la recaudación de la parada, o los sábados, que su madre también vendía con la dependienta.Como decía, a Mariona, le trajeron los Magos la bicicleta, ! mi sueño de años¡



Se paseaba ufana, con su madre al lado, porque ella tenía lo que yo tanto desee.



¿que te trajeron los Reyes? me preguntó su madre, no supe que contestarle, la verdad...aquel año ya era el segundo, que sus majestades, se olvidaban de mí, insistió María, ¿te han traído la bici?, entonces sí respondí, no, no les quedaban,mi madre dice, que se les agotaron y que seguro el año que viene me la traerán.



Si la hija se sentía superior a los demás niños, la madre lo era aún más y me contestó, con su falsa sonrisa; Cariño, es que tú has sido mala, por eso los reyes no te dejan nada, mira, mi Mariona, cada año le traen todo, porque es una niña buena.



Mi reacción fue la de cualquier niño, salí corriendo a mi casa, a contarselo a mi madre.



Nunca olvidaré su reacción, al verme llorar y oir de mi boca repetidas las palabras de María Se quitó el delantal, alisandose el pelo con las manos,, apagó el fuego en el que estaba cocinando, y con una rabia, que jamás había visto en su cara, salió hacia el parque, llevandome a mí casi arrastras.



Al llegar donde se encontraban, madre e hija, parecía haberse calmado y con una falsa sonrisa de oreja a oreja, le dijo a la niña,! que bici más bonita¡ ¿te la han traído los reyes?, claro, contestó la madre, antes que la niña, pero esta añadió, a nana por mala no le han traído nada.



Ahí quería llegar mi madre, a oirlo ella de sus propias bocas, pues la madre, ratificó las palabras de la hija.



La recuerdo, rubia, delgada muy alta, guapisisma, al lado de María más bien regordeta y no demasiado alta, eso sí, los cuadros de murillo, tenían la misma pintura que su cara, aunque era una mujer atractiva y siempre muy arreglada, yo nunca ví bien que las mujeres se pintaran la cara, con los años, fuí yo la del cuadro jeje



Pues no cariño, no son así las cosas , le dijo mi madre, enseguida intervino María, viendose venir la tormenta, No quería decir eso, Sara, a lo que mi madre le dijo, no quería, ni tú tampoco, pero lo habéis dicho.



Y ahora voy a ser yo quien le diga a esta niña tan buena, tan rica y tan mal criada, porque a ella le han dejado la bici y a mi nana no.



¿Sabes Mariona?, tu mamá tiene una parada y es la dueña, yo, soy dependienta, en la parada de la abuela de nana, tu abuela, tiene mucho dinero, los abuelos de nana, por desgracia ya murieron, y estos que tiene son postizos, pero la quieren más que si fueran como los tuyos.



Así que...espero me entiendas, pues ya tienes edad de saber las cosas, a tí, te compró mamá y papá la bici, pero como nosotros no tenemos dinero, nana no tiene bici, ¿lo entiendes?



Que los Magos eran de Oriente, y allí se quedaron, cuándo nació el Niño, así que dejemonos de pamplinas, y si tu eres muy buena, mi nana, MÁS, en dinero...tu mamá...MÁS.



María, nunca le perdonó a mi madre aquello, pero creo que mi madre,tampoco pudo nunca, perdonarle los desaires que me hacían, esa fue la gota que colmó el vaso y bien que le pesó despues, pero como decía, ya está hecho y la niña tiene diez años, muy grande pa Reyes.



Pero yo sé, que siempre le dolió su reacción, los niños...son niños




Mamá, yo quiero una bicicleta,
Cállate cariño, no me seas traviesa.
El año que viene, los reyes vendrán
Y la bicicleta, te regalaran.
El año pasó, los reyes llegaron
Y la bicicleta ¿donde la dejaron…?

No lo sé cariño, quizá se acabaron.
Pero…yo les dije que me la trajeran,
¿tu crees mamá que no he sido buena?
No es eso, mi niña quizá se acabaron.
De nuevo la niña jugaba y corría,
Igual que otros niños, soñó con tener
Una bicicleta y poder correr
Correr por las calles,
Montar a su gato y guardarla luego
después de un buen rato.

Pasaron los días volvieron los Magos
Y la bicicleta… ¿Dónde la dejaron?
Cariñito mío, tu lo has de saber
Los Reyes llegaron, solo hasta Belén
Y al Niño trajeron tres cosas de bien
Oro, incienso mirra y El…
Nos legó amor, el que día a día
Te ofrezco a ti yo.
No tengo dinero, no puedo comprar
Una bicicleta, para que mi niña, pueda jugar

Las lágrimas corren por su triste cara
Y ¡chilla! Y se ¡enfada!
No llores mi cielo, no sufras tu más
Que un día, la bici tendrás.
Pasaron los años y…se hizo mujer
Recordó triste los años pasados,
Cuándo feliz, esperaba a los Magos,
Veía a su madre, en casa sentada,
Contando el dinero, por ver si llegaba
Y luego d hacerlo…decirle con pena
¡ay chiquilla mía! Tu si, has sido buena,
Yo quisiera poderte ofrecer
Lo que tanto quieres, no puedo esta vez


Enero de 1971 Santa Eulalia, Barcelona

dimarts, 2 de juliol de 2013

A ese o esa enmascarad@

Hoy me he levantado muy tranquila, a pesar de que no dormí  muchas horas, estaba y estoy totalmente relajada, tranquila, feliz y muy a gusto conmigo misma, esto suele ocurrirme, el noventa y nueve por ciento de las veces.
Como todos los días empecé con mi rutina,  que no creo venga a cuento detallar.
como hace ya unos años vengo haciendo, abrí mi ordenador y comencé con la tarea que como ya he dicho, hace años vengo realizando, he de reconocer que a pesar de mi enfermedad he tenido suerte, antes tenía que limitarme a las pocas horas que le quitaba al descanso.
Ahora, el día es mío y  diría que gran parte de la noche, en definitiva, soy dueña total de mis actos y de mi persona, con la gran suerte de tener a mi lado a alguien que pese a lo que pese(aqui no viene a cuento) está orgullos@  de todos mis actos, y digo todos y no por eso me ha dejado sóla en mi enfermedad.
Tengo un entorno de amigos familia, conocidos, vecinos y un largo etcetera, que apoyan mis decisiones, mi forma de actuar y...hasta esos  escritos que a algun@ le molestan tanto, con el estupido argumento de que soy vieja(no voy a escribir su calificativo), enmascarad@  ¿cuantas veces hemos comido juntas? ¿que sabes tu de mi vida? ¿como eres capaz de faltar al respeto de la gente, sin conocerla?
Entiendes ahora todo lo que relato anteriormente? poco iba a tardar en enterarme, pero tranquila, que tus palabras ni me hieren ni me importan, más bien me dan risa, ¿que mi familia te ha dicho que no se hacer la o con un canuto?  es cierto, la hago sin él, no lo necesito, mi madre fregó muchos suelos, para que yo tuviese una cultura, pequeña quizá  pero cultura academica, y respeto a los demás eso me lo enseñó ella y lo aprendí muy bien, por eso no voy a decirte lo que me pareces, no vale la pena ponerse a tu altura, si tanto te duele, que me dieran 150€ de premio, cuándo quieras te los regalo, sobre todo para que te compres un manual de educación y respeto hacia las personas, sigue riendote  en la panaderia en la iglesia y donde mejor te parezca, los agravios, según de donde vienen así se les da de importancia.
Recuerda, VERGUENZA, tengo toda la que a tí te falta y la que me enseñó mi madre a no perder nunca, por muy grande que fuese la provocación.
¡Que pena que sea esa la educación que das a tu hijo!





divendres, 21 de setembre de 2012

Hoy quiero confesarme




Han pasado los años, tantos, que creí seria difícil recordar, pero no ha sido así,  solo tuve que desempolvar los archivos del sueño, esos que guardo en el desván de los sueños rotos.
Y he vuelto a mis catorce años, a mis tiempos de escuela, aquellos años, de los que en tanto tiempo, olvidé que existían, o mejor, quise olvidarlos, por miedo, por dolor, o...quien sabe si por sentirme culpable, de haber vivido en una época, en la que siempre pensé que no era la mía.
"Cuatro gatos", así nos calificaba nuestra profesora y de no haber sido, por la forma de expresarlo, hubiese pensado que no encerraba mala intención.
Ciertamente, éramos algo menos de diez alumnas, en una clase  normal  si nos centraban en ella, éramos como un cuadro, con un enorme pas par tout, por eso la dirección del colegio, decidió aprovechar el espacio en el segundo piso, un pequeño recuadro, tan tan pequeño, que  una mesa y cuatro pupitres eran todo el mobiliario, eso sí, con el espacio justo, para que los "gatos" en este caso "gatas", pudiésemos acceder a nuestra plaza, la enorme ventana, era la protagonista de la clase.
Todas veníamos de cursos, en los que nuestras docentes, eran más jóvenes y me atrevería a decir, que menos amargadas, excepto dos, las demás, tuvimos la misma profesora en los tres cursos anteriores y puedo asegurar, que eran como noche y día.
La ventana de la clase, tenía una hermosa panorámica, el insti, de los chicos y nuestra suerte era, que nuestra querida tutora, a partir de las tres, parecía estar programada, con nuestra pequeña ayuda, en el momento en que el sueño empezaba a vencerla, bajábamos con mucho cuidado la persiana, con el fin de que el sol, no perturbase, su cotidiana siesta.
Tenía nuestra querida Hna, digo querida porque, aún y no ocupando en nuestras vidas el mismo lugar, que las anteriores, no la queríamos mal, pero...teniendo en cuenta que estábamos en una edad, algo difícil, nos costaba entender su amargado carácter y claro está, como a cualquier jovencita, nos encantaba, disfrutar de aquellos momentos, en los que podíamos, mirar con sigilo por la enorme ventana, levantando con cuidado la persiana, para ver como nuestros amores platónicos, entraban  en el "Insti".
Alguna vez, por eso de que todas queríamos  asomarnos a la vez, y el espacio era muy reducido, se nos escapaba de las manos la persiana, el golpe no siempre, pero en alguna ocasión era lo suficientemente fuerte, como traer al mundo real a nuestra "bella durmiente"
así la bautizó Marina y así la llamábamos a escondidas.


Debía ser, el curso 63-64, no lo recuerdo con exactitud, debería mirar en mis papeles de estudiante y...la verdad, me invade la pereza, para hurgar en aquellos años, ahora los recuerdo como los más felices y pienso...mi vida debió ser muy dura, para recordarlos así, pues en aquellos días, no me parecían como tal.
Una vez a la semana, la clase de tercero y cuarto de bachiller, nos reuníamos en un aula, para la clase de religión, que impartía, el vicario de la parroquia, lo hacíamos así, porque tanto de un curso, como del otro, no juntábamos en total, suficientes alumnas para un curso.
Yo era de tercero, mi profesora, era la Hna ......, en cuarto era la Hermana ....., opuestas por completo en su forma de enseñar y comportarse con nosotras, puedo afirmarlo, pues en cuarto probé con creces el carácter de la Hna .....,.
La clase transcurrió como siempre, sin novedad alguna, al marcharse el profesor, nadie era capaz de hacer un resumen, pero...atención pusimos todas, claro está, con la esperanza de que terminase pronto, para aprovechar el lapsus de tiempo, hasta que nuestras docentes, volviesen.
La pared de la clase, que daba a la calle, eran cuatro grandes ventanas, cuatro hermosas cristaleras, que aquel día, sabrían de lo que eran capaces, un grupo de adolescentes llenas de energía.
Después de unos minutos en silencio, alguien preguntó, ¿hoy es viernes? !claro¡ respondimos a coro,
entonces chicas, tenemos casi un cuarto de hora, un cuarto de hora, ¿para qué? Preguntó ......
pues para que va a ser, para pasárnoslo bien, ¿que propones versos? dirigiéndose a mí, era el mote,con  que ......, me había rebautizado, seria porque aprovechaba cualquier despiste de la monja (así la llamábamos) para escribir ripios jocosos.
Y, "versos" propuso, juntamos los pupitres y nos marcamos un twist, perfecto corearon todas,pero... hay que bajar las persianas, que no nos vean, dije muy seria.
El baile duró poco, yo, por mi problema en mi pierna, no pude subirme y bien que me alegré después, la cosa se fue calentando y alguien dio un golpe como si llamasen a la puerta, ¿os imagináis el susto de todas y las prisas por bajarse?, en todo este jaleo, cayeron sobre las ventanas, con el consiguiente estallido de cristales.
La "versos" aprovechó el caos, y discretamente, salió de la clase.
Con cara de no haber roto un plato, se sentó en el banco del pasillo, no sin antes avisar de que se fuesen  cada una a su clase, que la monja estaba a punto de llegar, de todas formas, el estropicio, estaba hecho.
La cara de las Hermanas era un cuadro de Rubens o, de Picaso, no sabría recordarla.
El resultado, pagar el cristal entre todas, pero...dijo la Hna ......, ...., no estaba, así que...ella queda libre.
Me hubiese encantado estar entre ellas, pero el miedo a la reacción de mi padre, hizo que aquella vez, no dijera nada  y aceptase la decisión de mi maestra.
La "pintora" reaccionó; !"versos" esta me la pagas¡
La vida, nos depara muchas sorpresas, y cierto, la "versos" de alguna forma se la pagó, años depués se casaba con su hermano



dilluns, 11 de juny de 2012

Mi etapa de estudiante

Tenía escasamente dieciséis años, mi madre tenía una amiga que era enfermera en la seguridad social, Conxita, trabajaba en la plaza española, en el ambulatorio.


Yo siempre decía que quería ser comadrona, pero, ya para hacer el bachillerato, tanto a mi madre como a mí, nos costó sangre sudor y lágrimas y nunca mejor utilizada la frase.


El colegio costaba 150ptas al mes, a eso se le añadía que Vita, mi hermana, iba a la guardería y más tarde a parvulos, la cantidad al mes se incrementaba en casi 300 ptas, que teníamos que sacar, de los extras, como mi madre llamaba a quedarnos las dos, cosiendo ella y recortando los embozos de las sábanas yo, hasta altas horas de la noche, los sábados y los domingos, como no teníamos "cargo" así llamaba mi madre, a que mi padre estuviese en casa, y no porque quisiera decir que era una carga, sino más bien, porque él nunca estuvo de acuerdo en que hiciésemos trabajos extras, claro que... no lo estaba porque el dinero se dedicaba a mis estudios, no se porque, le molestaba tanto que yo estudiase, nunca lo entendí, menos cuándo, cada vez que conseguía algo, se enorgullecía delante de sus amigos, en casa no desde luego.


Por eso, cuándo Conxita le dijo a mi madre,Isabel, tu crees que nana,sería capaz de sustituirme un tiempo en el trabajo, mi madre vio la mayor oportunidad de mi vida, encontró que se me abría un camino a mis ilusiones y claro está, no dudo en decirle, sí claro, como no va a ser capaz, ya sabes tú como es nana, vale para un roto y para un descosido, esa frase siempre la tenía en la boca, cuándo hablaba de mí, esa y...mi nana, lo que se pone, lo hace como nadie.


No me lo decía, pero para ella, yo era , lo que ella hubiese querido ser, fuerte, decidida, capaz de plantar cara cuándo la ocasión lo requería, sin miedo a nada ni a nadie.


No se daba cuenta que era su vivo retrato, que si no temía a nada, era porque detrás estaba mi madre,y eso, era un muro que me resguardaba.


De la forma más tonta, empecé a trabajar de auxiliar de enfermería, en aquel ambulatorio, en dos meses, compaginaba mis prácticas de primero de ATS, en el Hospital de la Esperanza, que entonces empezaba a especializarse en geriatría, pero...no todo fueron flores, para poder estudiar, las prácticas, en lugar de dos horas como hacían las de la escuela de Sta Madrona, yo entraba a las seis de la mañana hasta las dos de la tarde, naturalmente, cobrando un sueldo de 3000ptas.


A las tres de la tarde empezaba mi trabajo en el ambulatorio, hasta las nueve de la noche y pensareis...¿a que horas iba a clase?. la escuela nocturna Del Niño Jesús, empezaba a las siete.


Me había ganado el cariño de mis compañeras, tanto enfermeras, como auxiliares y del personal del centro, la que más cerca estaba de mi edad tenía 27 años.


Nunca olvidaré a Rosa a Faustina a su hermana la Subjefa de enfermeras y como no, a María Luisa mi querida jefa, entre todos hacían posible, que cumpliese con mi trabajo y pudiera asistir a clase.


Los médicos, tenían las visitas de dos horas y de uno a otro siempre había una hora de intervalo, de manera que, las consultas estaban ocupadas a todas horas, pero ni con los mismos doctores ni enfermeras, ellas se lo montaban para que yo pasase consulta, seguido, o sea, sin descansar la hora, y así a las 6'30, echaba a correr hasta el puente de la torrassa, para coger el metro e intentar llegar a las siete, tenía que hacer transbordo en Cataluña, por lo que nunca llegaba a tiempo, pero yo me las arreglaba, para que lo que me había perdido, luego me lo explicasen mis compañeras, o, el médico que mejor me caía, el Doctor Turó, un magnifico cirujano, todos me caían bien, pero este era especial, quizá porque lo veía mayor y porque me trataba como si fuese algo suyo, con aquel respeto, tan característico en él para con todos.


Ya hablaré de Rafa, estaba de conserje y era el encargado de recoger en una hoja, las firmas de cuándo entrabamos y cuándo salíamos, se las ingeniaba, para que nadie supiera que me iba antes de mi hora, tú firma, me decía, la hora la pongo yo luego, nunca se le olvidó.

Mi Vita

Ese año, había ganado el premio de narrativa, y por fin iba a pasar a Bachillerato, todavía no lo tenía muy seguro, pues me quedaba el verano por delante, para pasar la prueba de ingreso y mucho que estudiar.
Tantas eran mis ganas, que estaba segura, que después de septiembre, empezaría en segunda enseñanza.
Al estar las dos hermanas, en el mismo colegio, aprovechaban para hacer las fotos juntas y evitar gastos a los padres.
Mi vita, como siempre, no consentía que nadie le arreglase nada y al estar en clases diferente, nos llamaban para hacer las fotos, sin tiempo de poder estar un segundo juntas, no pude arreglarle ni el lazo, ni ponerle el cinturón, le pregunté, porque no has dejado que la Hermana te ponga el lazo bien y el cinturón y su respuesta fue la de siempre, solo me toca "mi teta" (muy común en barcelona, para llamar a las hermanas, a los chicos, tete) ella era así, si no la peinaba yo, salía sin peinar y vestirse...porque ya había aprendido, como cambiaría con el paso de los años.
Pero yo sigo recordándola, con su uniforme desaliñado y esperando a que yo llegase, para ponerla guapa.
Estos son los recuerdos, que no quiero perder, en momentos de dolor, me dan fuerza para seguir adelante.
Su nombre es Isabel, pero para mí siempre será mi Vita, cuándo aún no sabía pronunciar su nombre, decía; me amo Vita, yo le respondía, te llamas Isabelita, y ella; sí, vita.
La veo en mis recuerdos, subiendo las escaleras que daban a la cocina, de mi tía, y pidiéndole un plaxia, ¡lo que costó saber lo que quería¡, o aquella vez, que nos pedía"postre" y no acertábamos a saber que postre quería¡
Un día que me la llevé, como siempre, a comprar, en la tienda había enormes sacos con legumbres y frutos secos, lo propio de la época, y al ver los cacahuetes, dijo; ¡teta, postreeeeee¡.
Un día que en casa no había fruta, mi madre le puso a mi padre, cacahuetes de postre, el le dijo,esto me gusta de postre, pon lo más veces.
La niña, se quedaba con todo, ¡tengo tantas cosas que contar¡, que lo haré poco a poco.
¡Ah¡ el plaxia, era un plátano