dimarts, 2 de juliol de 2013

A ese o esa enmascarad@

Hoy me he levantado muy tranquila, a pesar de que no dormí  muchas horas, estaba y estoy totalmente relajada, tranquila, feliz y muy a gusto conmigo misma, esto suele ocurrirme, el noventa y nueve por ciento de las veces.
Como todos los días empecé con mi rutina,  que no creo venga a cuento detallar.
como hace ya unos años vengo haciendo, abrí mi ordenador y comencé con la tarea que como ya he dicho, hace años vengo realizando, he de reconocer que a pesar de mi enfermedad he tenido suerte, antes tenía que limitarme a las pocas horas que le quitaba al descanso.
Ahora, el día es mío y  diría que gran parte de la noche, en definitiva, soy dueña total de mis actos y de mi persona, con la gran suerte de tener a mi lado a alguien que pese a lo que pese(aqui no viene a cuento) está orgullos@  de todos mis actos, y digo todos y no por eso me ha dejado sóla en mi enfermedad.
Tengo un entorno de amigos familia, conocidos, vecinos y un largo etcetera, que apoyan mis decisiones, mi forma de actuar y...hasta esos  escritos que a algun@ le molestan tanto, con el estupido argumento de que soy vieja(no voy a escribir su calificativo), enmascarad@  ¿cuantas veces hemos comido juntas? ¿que sabes tu de mi vida? ¿como eres capaz de faltar al respeto de la gente, sin conocerla?
Entiendes ahora todo lo que relato anteriormente? poco iba a tardar en enterarme, pero tranquila, que tus palabras ni me hieren ni me importan, más bien me dan risa, ¿que mi familia te ha dicho que no se hacer la o con un canuto?  es cierto, la hago sin él, no lo necesito, mi madre fregó muchos suelos, para que yo tuviese una cultura, pequeña quizá  pero cultura academica, y respeto a los demás eso me lo enseñó ella y lo aprendí muy bien, por eso no voy a decirte lo que me pareces, no vale la pena ponerse a tu altura, si tanto te duele, que me dieran 150€ de premio, cuándo quieras te los regalo, sobre todo para que te compres un manual de educación y respeto hacia las personas, sigue riendote  en la panaderia en la iglesia y donde mejor te parezca, los agravios, según de donde vienen así se les da de importancia.
Recuerda, VERGUENZA, tengo toda la que a tí te falta y la que me enseñó mi madre a no perder nunca, por muy grande que fuese la provocación.
¡Que pena que sea esa la educación que das a tu hijo!





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